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abril 22, 2021

NUEVA FEMINIDAD: CELEBRANDO LA SUBJETIVIDAD

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«Uno no nace, sino que se convierte en mujer». Simone de Beauvoir no tenía dudas sobre qué era la feminidad. En 1949, teorizó sobre esta idea que tiene mucho que ver con el contexto cultural en el que se crece y se desarrolla el ser humano y muy poco con el sexo biológico con el que nacemos. Actualmente, esta declaración todavía se debate y muchos expertos continúan desarrollando investigaciones sobre la cuestión “naturae” versus “cultus”.

Día a día asistimos a una veloz transformación de los róles de género donde los comportamientos masculinos y femeninos ya no son controlados o regulados socialmente de manera tan estricta. Los tradicionales y rígidos patrones de comportamientos asociados a la mujer, como la sensibilidad y la empatía o aquellos asignados a los hombres como el dominio y la inteligencia comienzan a desvanecerse.

Un hermoso ejemplo es Chase Johnsey, un bailarín del English National Ballet que se identifica a sí mismo como un ser de «género fluido» y que realiza su profesión como una bailarina. Esto refleja perfectamente el mundo en que vivimos, donde son cada vez más los que empujan los límites establecidos y abren el camino hacia la autenticidad.

Uno de los principales cambios sociales en nuestro Zeitgeist es la celebración real de la feminidad y una nueva comprensión de la feminidad. La nueva mujer no solo abraza sus cualidades naturales, sino que también se mantiene al día con las marchas y protestas, tomando decisiones individuales que la alejan de las construcciones sociales.

En la línea de tiempo histórica, las mujeres se encuentran en una nueva etapa en la que de manera simultánea se manifiestan, en cualquier rincón del planeta, rechazando y protestando contra cualquier abuso propio del escenario patriarcal que predomina con raíces muy profundas.

Asistimos a una nueva compresión de la feminidad a nivel mundial, una ola que se desarrolla en el marco del activismo feminista y que pretende hacer frente a múltiples desafíos de manera inclusiva.

Hace veintiocho años, Kimberlé Crenshaw introdujo el concepto de «interseccionalidad» como una forma de buscar la totalidad de los derechos humanos y naturales y cuidar la raza, el género, la clase, la capacidad y la etnia. En otras palabras, hacer espacio para todos y tener en cuenta todas las etiquetas a las que se enfrenta una mujer en la vida. Desde entonces el discurso interseccionalista se transmite perfectamente a través del uso de herramientas tecnológicas, la comunidad femenina ha construido un gran y consciente movimiento en línea. En este punto, tienen la oportunidad de expresar su opinión sobre muchos temas clave como el abuso de poder, la discriminación en el lugar de trabajo, el activismo ambiental, los espacios seguros, el acoso sexual y la vergüenza corporal.

También es interesante abordar las otras narrativas digitales que conviven con este incipiente activismo. Son cada vez más notables las distintas representaciones de la feminidad a través de las redes sociales y que generan una discusión constante sobre su impacto en la sociedad de consumo. En el libro «Culturas digitales postfeministas» de Amy Shields Dobson, se profundiza sobre las dinámicas que emplean niñas y jóvenes en los medios digitales para representarse a sí mismas desde la reivindicación del poder femenino hasta numerosas imágenes de autoexpresiones hiperbolizadas de la sexualidad feminidad.

Al explorar estas narrativas digitales, los investigadores llegan a la conclusión de que el feminismo y la feminidad son más una ideología personal que un movimiento activista comunal. Hoy en día, muchos productos están etiquetados como feministas y están vinculados a nuevas palabras como autocuidado, felicidad, fuerza y autoridad.

El análisis de las actitudes y comportamientos de las nuevas generaciones en el siglo XXI es fundamental para comprender los diferentes discursos que se están dando en la cultura digital, ya que de alguna manera cada uno está creando su propio movimiento ideal. Los millennials, a pesar de ser considerados como una generación abierta al cambio, viven en una paradoja compleja: no se identifican como feministas, evitan el término por su significado politizado pero al mismo tiempo reclaman claramente contra la desigualdad salarial de género y otras presiones sociales. Otro ejemplo es la Generación Z, una generación crecida en la crisis económica y con el impacto de las redes sociales. Se auto definen como menos conformistas, más activos y comprometidas políticamente y hacen uso de su poder digital para reivindicar la mujer real y la diversidad de género. Sin duda la Gen Z ya está reescribiendo el futuro del activismo femenino a través lenguajes y conceptos feministas muy diferentes entre sí.

Para poder definir exactamente el significado de la Feminidad actual es necesario hacer una reflexión de cómo las distintas generaciones conviven e interactúan a través de las redes sociales. Tanto investigadores como las predicciones de tendencias futuras coinciden en que las decisiones de compra de las mujeres están condicionadas por un lifestyle más fluido, por sus experiencias diarias e íntimas.  Por ello podemos llegar a la conclusión de que el feminismo y la feminidad apuntan cada vez más a una ideología personal y ecléctica que se apoya del movimiento activista comunal para expresarse dentro de la sociedad.  La subjetividad femenina contemporánea en la era digital es sin duda el nuevo paradigma.

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